La alcaparra en casa

  La alcaparra es un arbusto perenne muy ramificado, con lo que puede convertirse en una estupenda opción si se quiere vallar un jardín y a la par disfrutar con su abundante y bella floración. Además es un ejemplar que crece con suma rapidez y facilidad, sobre todo en zonas de climas templados.

Puede llegar a generar vástagos colgantes de hasta un metro de altura, por lo que es recomendable elegir un emplazamiento adecuado a su futuro tamaño, para evitar tener que trasladar a posteriori el arbusto. Cambiar cualquier ejemplar de lugar supone estresarlo, pero si no queda más remedio se aconseja dejar de regarlo y realizar el cambio de ubicación cuando su sustrato se encuentre completamente seco. Así la alcaparra se verá menos afectada por el cambio.

Sus hojas son gruesas y de contorno redondeado u ovaladas. Sus flores son muy vistosas, por lo este ejemplar puede colocarse adyacente a las zonas de acceso a la vivienda o cerca del porche para poder ser contemplado.

Florece a partir del mes de mayo y su fruto es una baya ovalada y de color violeta que contiene en su interior numerosas semillas. No son comestibles y sólo son utilizados como condimento aromático los capullos de sus flores. Si se quieren utilizar primero deben dejarse secar y luego colocarse por capas en un recipiente con sal y vinagre.

Como ya se ha comentado, se trata de un ejemplar muy fácil de cultivar, que crece sin apenas cuidados, y que llega incluso a crecer de una manera espontánea en las rocallas o sobre viejos muros.

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